Por Ramona
S
arta propone un espacio colectivo que nace con la intención de establecer vínculos que permitan el intercambio de miradas, sentires y reflexiones. También, para que los temas que solían quedar archivados en lo compartido en intimidad por quienes editan esta revista, encuentren una forma.
Desde que nos conocimos con Alfonsina, cursando sociología del arte, empezamos a pensar la carrera, la profesión y la vida. Por eso me gusta pensar la revista como excusa para crear, también, todo lo que no es una revista, para que Sarta sea, justamente, una sarta de experiencias que se producen en las intersecciones.
Mucho palabrerío, quizá, pero es la inquietud compartida que surge al movernos entre el campo artístico y el académico, habitando ese lugar incómodo desde el cual aparecen nuevas preguntas, la que nos invita a recorrer y conocer a quienes habitan y producen desde esos espacios de intermedios.
Por eso, esta práctica social, o revista, es lo que decanta de procesos abiertos de conversación entre investigadores, artistas, estudiantes, educadores y comunicadores, para abordar distintas temáticas desde una mirada transdisciplinaria.
En términos sociológicos, podría decir que las revistas Ramona y Alfonsina son parte de nuestro estado de la cuestión. El problema está en lo que continúa en cualquier investigación académicamente estructurada: el marco teórico, por el simple hecho de ser un marco.
Ambas sabemos qué lecturas cabrían en aquel cuadrado delimitado por bordes que, a veces, resultan demasiado rígidos. Pero el proyecto mismo implica volver elásticos y maleables esos bordes estructurantes, para mirar a través de la mixtura de marcos propios y ajenos, produciendo así formas colectivas de pensar(nos).
Ramona